Soy político

Jamás se me pasó por la cabeza hasta hace unos años. ¿La política?, ¿los políticos? Algo a evitar, algo malo, algo perverso.

Pero el 15M fue una iluminación. Habíamos reaccionado, no me lo podía creer. En lugar de asumir sumisamente el bipartidismo, esperando a ver si el siguiente era un poco mejor o un poco peor, en lugar de asumir el idílico relato de la Transición y de la actual democracia, gritamos que no nos representaban, que ya llevaban demasiado tiempo alejados del pueblo y que esto tenía que cambiar.

Y cuando parecía que las aguas habían vuelto a sus cauces habituales, surgió Podemos para canalizar buena parte de lo que había sido el 15M. Ese fue el momento en el que me dije que tenía que implicarme un poco más y empecé a colaborar en los Círculos relacionados con la discapacidad, que era mi ámbito profesional. Y también a leer mucho sobre política. De repente, me apetecía saber más y más, me apetecía formar parte de aquella ola de ilusión, aunque nunca pensé que me dedicaría a ello (tal vez el gusanillo sí estaba por ahí…).

Mayo de 2015. Ahora Madrid consigue un resultado espectacular en las elecciones municipales y unas semanas después, consigue formar gobierno. Por mi trabajo en ese momento en la Asociación Pauta, conozco a Marta Gómez, nueva concejala del distrito de San Blas-Canillejas (también de Barajas). En apenas una hora, en la que repasamos los temas más importantes de la asociación, tenemos una excelente sintonía, y es en ese momento cuando me entra una sana envidia. A mí también me gustaría ser protagonista de ese cambio tan ansiado.

Me quedo dándole vueltas y unos días después me animo a escribir a Marta y ofrecerme por si hay alguna posibilidad de entrar en el proyecto. Es cierto que llevaba un tiempo pensando en que mi etapa en Pauta tenía que terminar, después de diez años allí. Necesitaba nuevos retos y motivaciones, pero tampoco era cuestión de irse a cualquier sitio.

Sinceramente, pensaba que Marta nunca me contestaría, o que lo haría con algún cumplido, pero a las pocas horas lo hizo y, para mi sorpresa, me decía que tenía pendiente incorporar un Consejero Técnico (asesor) de los dos que le correspondían y que mi perfil le encajaba perfectamente, que buscaba a alguien que viniera del mundo social y que ella también había percibido muy buena sintonía en la reunión que habíamos tenido. Y me ofreció el puesto.

Lo tuve claro desde el primer momento, era una oportunidad que no podía dejar pasar, que encajaba totalmente con mis nuevas inquietudes políticas y con mis ganas de cambio profesional. Había muchos riesgos (apenas conocía a la que iba a ser mi jefa, se trataba de un cargo de libre designación y eventual, sujeto a todos los vaivenes que puede haber en el mundo de la política…), pero la ilusión pudo mucho más.

Y así, de la noche a la mañana, me convertí en político.

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