El Elemento

Ken Robinson acuñó el término “Elemento” para referirse al “lugar donde convergen las cosas que nos gusta hacer y las cosas que se nos dan especialmente bien. El Elemento es el punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales”.

Me encanta Ken Robinson y ese concepto que desarrolla en su libro “El Elemento: descubrir tu pasión lo cambia todo”. Además, sirve en buena medida para contestar a los que me preguntan por qué estoy en política. Porque todavía me lo siguen preguntando y todavía veo a menudo cómo lo hacen con una mirada compasiva, como pensando, “pobre, lo debe estar pasando fatal” o peor aún, “con lo majete que era este chico, acabará como todos los políticos”.

Para mí, esta experiencia en la política me está suponiendo encontrarme muy cerca de mi “Elemento”. Creo que no se me da mal, es un trabajo que hace destacar mis puntos fuertes y minusvalora los débiles, aunque por supuesto, no paro de aprender (y lo que me queda). Y por otra parte, supone lo más cerca que he estado nunca de poder cambiar el mundo, que es mi mayor motivación laboral y personal.

Lo cierto es que soy un afortunado (o no tanto, que la suerte hay que buscarla) y todos mis trabajos me han hecho estar cerca de mi “Elemento”, por eso, estoy acostumbrado a no ver el trabajo como una obligación, sino como parte de mi vida, de lo que quiero hacer en este mundo. Nunca he hecho esa distinción tan habitual entre trabajo y vida personal, nada me parece más triste que esas frases de lamento tan habituales los lunes o al volver de las vacaciones. De hecho, la mejor señal de que tengo que ir pensando en cambiar de trabajo es cuando me deja de apetecer volver después de un fin de semana o después del verano. Robinson lo explica a la perfección: “Las personas que fundamentalmente aman lo que hacen no piensan en ello como si fuera un trabajo en el sentido habitual de la palabra. Lo hacen porque quieren y porque al hacerlo están en su Elemento. (…) El Elemento consiste en una concepción más dinámica y orgánica de la existencia humana, en la que las diferentes partes de nuestra vida no se ven como si estuviesen cerradas herméticamente, unas separadas de las otras, sino interactuando e influyéndose entre sí”.

Tristemente, muchas personas no tienen ni la más mínima oportunidad de encontrar su “Elemento” en el trabajo. Ni en la vida. Están irremediablemente condenadas a vivir en sociedades decadentes, sin oportunidades, cuando no en la miseria. Pero como dice Robinson, siempre que uno tenga cubiertos unos mínimos, aunque en el trabajo no pueda encontrar el “Elemento”, aún es más importante descubrirlo en otra parte. Por ejemplo, en tu familia, tus amigos o tus aficiones.

Ken Robinson también critica duramente el sistema educativo imperante en las sociedades actuales. Para él, todos nacemos con talentos naturales que vamos perdiendo poco a poco. Cree que la educación es una de las principales razones, lo que provoca  que haya “demasiada gente que nunca conecta con sus verdaderos talentos naturales y, por tanto, que no sea consciente de lo que en realidad es capaz de hacer. (…) La educación tendría que ser uno de los procesos principales que nos llevara hasta el Elemento. Sin embargo, con demasiada frecuencia sirve para lo contrario”.

Ciudadanos y ciudadanas estandarizados por un sistema educativo que aborrece la creatividad y lo diferente. Formados todavía bajo los mismos principios de la Revolución Industrial, preparadísimos para ser unas piezas más de una sociedad sumisa, pero no para desafiarla, alérgicos a la innovación y al riesgo.
Como dicen Espanto, uno puede decidir acabar “atado a una corbata y a un piso en una urbanización”, y vivir en blanco y negro, al menos un tercio de los mejores años de la vida, o por el contrario, intentar vivir toda la vida en color, aunque ello conlleve riesgos e incertidumbres. Porque nadie puede hacer algo grande en la vida si no está preparado para equivocarse, pero la satisfacción de acabar dedicándote a tu pasión lo compensa todo.
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Un pensamiento en “El Elemento

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