La vida de concejal

«En los lugares altos caen más rayos»
Séneca

Hace ya casi un año que soy concejal del Ayuntamiento de Madrid. Y aquí sigo, vivito y coleando, echando por tierra los peores augurios que algunos cernieron sobre mí (otros no, todo hay que decirlo). Así que es un tiempo más que suficiente para hacer balance de lo que han sido estos meses.

Lo primerísimo sucedió el mismo 22 de febrero de 2022, día en el que tomé posesión del cargo. Por la mañana entré en el Palacio de Cibeles como un mortal más y salí por la tarde como concejal. ¿Algún cambio significativo? Pues sí. Por la mañana todo el mundo me saludaba cordialmente pero por la tarde ya me dijeron por primera vez eso de «buenas tardes señor concejal». Así son las cosas y así funciona la administración, te conviertes en cargo público y el trato es automáticamente diferente, algo que tiene su sentido porque pasas a ser representante de muchos miles de personas que han votado a nuestro partido, pero que también tiene algo de ese agasajo excesivo que no es una buena compañía en política.

También ese mismo día me explicaron algunas cuestiones sobre mi seguridad personal y los medios que pone el Ayuntamiento de Madrid para ello. No es que vivamos tiempos especialmente convulsos en este aspecto, en comparación con épocas relativamente recientes de nuestra historia, pero es algo que te impresiona un poco y te coloca rápidamente en tu nueva vida.

Otro cambio inmediato de trato es el que se produce en el día a día. Los que hasta hace unas horas eran compañeros y compañeras de trabajo, pasaron a ser de repente personal «a mi servicio». Vamos, que pasé de la noche a la mañana de asesorar a que me asesoren. El caso es que todavía a día de hoy me descubro a veces comportándome como asesor…

El cambio más obvio es el paso de un segundo a un primer plano. Por definición, trabajar como asesor de un cargo público es ser esa persona que susurra al oído, que prepara informes, intervenciones, que hace gestiones… pero casi siempre sin ningún protagonismo. Ahora no, ahora tengo que defender públicamente las posiciones de Más Madrid en múltiples ámbitos, desde los más impactantes, como los plenos, a otros como las comisiones permanentes, actos públicos, declaraciones o entrevistas con medios, etc. Y enfrentarme en el cuerpo a cuerpo a rivales políticos con mucha más experiencia que yo, algo que, reconozco, impresiona un poco, sobre todo al principio.

Y dentro de ese paso al primer plano, mención especial para el sinfín de actos institucionales a los que tienes que ir o te invitan. Algunos hasta pueden resultar interesantes, pero lo que no cabe duda es que es uno de los cambios más significativos de pasar a ser concejal porque la agenda ya no te la organizas tú sino que, en buena medida, te viene dada, algo que te condiciona para hacer el resto de tareas y organizar tu vida personal y familiar. También da para un montón de anécdotas, porque no todos los días se recibe una invitación del Papa Francisco…

Otra cosa que produce respeto es la nueva relación con los medios de comunicación. No es que me haya convertido en una persona muy conocida ni relevante para ellos, pero poco a poco sí vas notando que te prestan más atención y que tienes que estar más alerta. Afortunadamente, en nuestro Grupo Municipal contamos con un magnífico equipo de comunicación que siempre está ahí para ayudarnos y, con los meses, ya no solo piensas en «protegerte» sino en trabajar esa relación para sacarle provecho. Aún así, ya he tenido que pasar por el trance de salir en la portada de un medio nacional donde manipularon sin pudor unos mensajes de chat míos para que la noticia les funcionara. O sea, que ya me ha dado tiempo a conocer el oscurísimo mundo del periodismo basura.

Y por último… el salseo. ¿Cómo es la relación con los concejales y concejalas del resto de partidos?

En primer lugar, algo importante: en el Ayuntamiento de Madrid solo somos 57 concejales y concejalas. Es decir, bastante pocos en comparación con la Asamblea de Madrid (136 diputados/as) o el Congreso (349 diputados/as). Ese número hace que nos acabemos conociendo y teniendo roce más allá de los plenos. Nos encontramos habitualmente y, claro, acabas hablando del tiempo o de lo que sea. Se podría decir incluso que se acaban convirtiendo en unos extraños compañeros y compañeras de trabajo, independientemente de las diferencias ideológicas que haya.

De los concejales y concejalas del PP diría que, ante todo, se consideran «los dueños del cortijo», que el Ayuntamiento de Madrid es suyo, que la legislatura 2015-2019 fue un accidente y que todo ha vuelto a la normalidad. Por eso muchas veces te miran por encima del hombro y te tratan con condescendencia, pese a que algunos llevamos ya unos cuantos años en el Ayuntamiento. Pero por otra parte, también suelen ser siempre correctos y respetuosos con los procedimientos institucionales y en lo personal. Con casi ninguno me tomaría una caña…

El Grupo Municipal de Ciudadanos es bastante difícil de entender. Hay de todo y son un buen reflejo de por qué es un partido prácticamente desaparecido. No tienen la experiencia ni el «saber estar» del PP y se mueven en un magma ideológico bastante indigesto e incomprensible. Más allá de eso, sí que hay personajes interesantes con los que no me importaría tomarme una caña.

El PSOE es un grupo triste, venido muy a menos en Madrid, fracaso electoral tras fracaso electoral. Son nuestros aliados naturales y la relación, en líneas generales, es buena, pero les falta carisma y entusiasmo. Eso sí, brilla con luz propia Enma López, que debería ser su apuesta de futuro para la ciudad. Con ella ya me tomado algunas cañas y también con alguno más.

Y queda… Vox. La ultraderecha en las instituciones que nos ha tocado vivir. Inevitablemente te acabas acostumbrando a su presencia y a su discurso, aunque la mayoría de las veces me resulta repugnante. Pero detrás, como no, hay personas, algunas secas como Javier Ortega, más afables como Pedro Fernández o señores «de toda la vida» y de vuelta de todo como Fernando Martínez. Tanto como para tomar cañas… no.

Foto: David Arenal

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