Archivos Mensuales: diciembre 2016

La erótica del poder

¿Estar en el poder mola? Sí.

¿Te puedes enganchar a él? También.

Si quieres cambiar las cosas, trabajar en una ONG es una droga blanda y la política una droga dura. Aunque luego haya paradojas, porque la enrevesada estructura municipal puede hacer que sea más sencillo construir un edificio de 8 millones de euros que conceder una ayuda de alimentos, podar un árbol o tener wifi en la Junta Municipal en pleno año 2016. Esto es difícil de entender para la gente, pero para nosotros también. Malo, si nos terminamos acostumbrando…

A la hora de intentar explicar lo que significa el poder, lo más sencillo es recurrir a mi caso personal. Antes de entrar en el Ayuntamiento era Director de la Asociación PAUTA (una asociación de familias dedicada a los Trastornos del Espectro del Autismo). Allí dirigía a un equipo de unos 50 profesionales y sólo tenía por encima a la Junta Directiva de la asociación. En el Ayuntamiento, no tengo a ninguna persona a mi cargo, mi firma no vale para nada (no tiene ninguna validez legal) y estoy al servicio de mi concejala. Sin embargo, la percepción de poder es muchísimo más grande. ¿Por qué? Algunos ejemplos del día a día:

  • Todo el mundo te coge el teléfono. Y si no, te devuelven rápido la llamada. Acostumbrado al duro mundo de las ONG donde estás continuamente llamando para recibir las típicas contestaciones (“ahora no puede ponerse”, “está reunido”, “le dejo el recado”, etc.), ahora es casi mágico, puedo resolver temas complejos en una mañana con un par de llamadas, algo impensable en mis anteriores trabajos.
  • Lo que pides se hace y se hace rápido. Está en el primer nivel de prioridad para los trabajadores y trabajadoras del Ayuntamiento. Al principio me sorprendía, ahora ya no y es estupendo saber que los trabajadores y trabajadoras del Ayuntamiento, no sólo son habitualmente eficaces, sino que contigo son ultra eficaces.
  • Te dan la razón cuando saben que no la tienes. Esto es un problema y hay que darse cuenta rápido de ello, sobre todo porque los que llegamos nuevos al Ayuntamiento desconocíamos (y todavía desconocemos en algunos casos) muchos de sus mecanismos internos. Se nos puede ocurrir una idea luminosa o pensar que algo es extremadamente sencillo de hacer y que no sea así. Pero muchas veces te dicen que sí y luego te estrellas.
  • Las cortesías, los agasajos o simplemente tu papel en los actos a los que acudes. No tiene nada que ver con un concejal o concejala (a los que les abren las puertas literalmente o los policías municipales les saludan con un “a la orden”), pero se parece bastante.

Pero sin duda, hay un momento especialmente fascinante cuando estás en el poder, que es cuando “juegas a ser Dios”. Todo amante de los videojuegos conoce títulos como el Populous o el SimCity. En el primero, directamente eres Dios y tienes que gobernar tu creación, en el segundo (mucho más cercano al día a día del Ayuntamiento), eres un alcalde que crea una ciudad desde cero, con todo lo que ello implica (diseñar las distintas zonas de la ciudad, sus equipamientos, garantizar los suministros, controlar el tráfico, la contaminación, el crecimiento…). Algo de eso hay (aunque sin partir de cero), cuando te pones delante de un mapa del distrito a buscar parcelas para un nuevo equipamiento, a modificar unos límites distritales que no están bien definidos, a comenzar el diseño de un nuevo barrio o incluso cuando tenemos debates sobre si es más necesaria una biblioteca o un polideportivo para el distrito.

Lógicamente, el día a día en el poder también tiene su lado oscuro, pero creo que afecta más a los concejales y concejalas, que tienen que soportar una carga de responsabilidad brutal, una cantidad bestial de trabajo, muchísimas servidumbres (como las bodas o la cantidad de actos y reuniones a los que tienen que asistir) y, sobre todo, estar permanentemente en el punto de mira (de la oposición, de la prensa…). Esto también nos pasa a los asesores y asesoras, pero en mucha menor medida.

Así que, en mi opinión, estar en el poder es bastante entretenido y hasta divertido, una oportunidad única para conseguir que tu ciudad cambie a mejor y con ello la vida de muchas personas. Todo esto compensa con creces la parte negativa y la inseguridad laboral que conlleva.

Pero también es importante que no se te suba a la cabeza. Es fácil que suceda y por eso en Ahora Madrid aprobamos algunas medidas preventivas:

  • La limitación de salarios. Todos cobramos cuatro salarios mínimos brutos, que consideramos más que suficientes para vivir y que están muy lejos de los altísimos salarios oficiales (en el caso de los asesores y asesoras, unos 50.000 euros brutos anuales, en el caso de los concejales y concejalas, unos 100.000 euros brutos anuales). Esto quisimos que se aplicara oficialmente, pero el resto de partidos no quisieron, así que hacemos donaciones por la parte sobrante (están publicadas aquí para los asesores/as y aquí para los concejales/as)
  • No usar los coches oficiales. Para mí, andar por la calle, ir en el metro, en el bus o escuchar las conversaciones de la gente, es conocer de primera mano los problemas de la ciudad. Si te acabas encerrando en tu coche oficial y te llevan de un lado a otro, seguro que acabas alejado de la realidad. Hay que seguir con los pies en la tierra y que no te pase como a Zapatero.
  • No aceptar regalos ni privilegios. No ya los grandes (la verdad es que pocos constructores se han acercado a hacernos proposiciones indecentes, debe ser que piensan que con nosotros no va a funcionar…), es que es fácil caer en la tentación de aceptar una invitación a un evento, unas entradas para un espectáculo, un asiento reservado… Cosas pequeñas en valor, pero simbólicamente grandes.

Yo añadiría (aunque sobre esto no hemos acordado nada en Ahora Madrid), no convertir la política en tu profesión. Este trabajo tiene que ser necesariamente temporal, la tentación de convertirte en un profesional de la política es grande y es algo que creo que todos los que hemos entrado nuevos en esto debemos evitar. Aquello que decíamos de la casta…

Y por último, nunca hay que olvidar que ¡más dura será la caída!