El ADN de Podemos

El ADN de Podemos es la gente, no las primarias. Ante la negativa de los 6 concejales de Podemos en el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid a presentarse a las primarias del partido, han salido rápidamente voces diciendo que las primarias son el ADN de la organización. En consecuencia, la decisión de la dirección ha sido suspenderles de militancia de forma cautelar.

Si bien es cierto que las primarias son un medio representativo del funcionamiento de Podemos y están desde su nacimiento, no es menos cierto que sin ir de la mano de los valores de pluralidad, transparencia, confianza y cercanía con la gente, se pueden convertir en un instrumento en manos de unos pocos, en manos del aparato del partido. Y esto último es lo que está pasando en Podemos de la ciudad de Madrid. Por el contrario, los concejales han dado mas que ejemplos de sobra de realizar en el Ayuntamiento una gestión transparente, fomentando los procesos participativos y estando cerca de la ciudadanía para resolver los problemas, no solo a nivel de partido, sino en los distritos y en toda la ciudad. Este es el verdadero ADN de Podemos: establecer formas de participación democrática más allá de las elecciones y los partidos.

Podemos fue posible por la gente. Estábamos dispersos unos de otros, pero conseguimos juntarnos. Porque nos volvimos a hablar y a encontrar en las plazas se hicieron posibles los cambios en la mentalidad social y en las instituciones. Se visibilizó un contrapoder que no solo marcó la pauta de los teletipos y de los periódicos, sino que caló más profundo, instaurándo en la sociedad una nueva manera de pensar, de afrontar los problemas plantándole cara a la crisis y a la clase dirigente y, sobre todo, una nueva manera de estar en sociedad que dio voz a la ciudadanía. Había vida -política- más allá de la ideología de los partidos. Y así surgió Podemos. Con frescura, diciendo verdades como puños, emocionando con racionalidad y superando viejos clichés de la izquierda clásica. Prometiendo transparencia y queriendo dejar atrás los vicios de la vieja política, para no repetir los errores del pasado. Y florecieron los círculos y las asambleas, ocupamos los platós de televisión y las plazas. Introdujimos nuevos términos en la política española, pero también un nuevo estilo de estar en política y de hacer política. De repente algunos supimos lo que era un mitin multitudinario y hacer retumbar las calles con sueños –que no locuras. Y orgullosos vimos a Podemos como un instrumento para cambiar la realidad.

Pero no nos quedamos en las siglas. Nos afianzamos en los territorios buscando las sinergias y el consenso y, por primera vez en mucho tiempo, no poníamos las banderas, los colores o las tradiciones por encima de las soluciones. “El Frente de Liberación de Judea” y el “Frente Judaico de Liberación” pasaron a ser personas comprometidas con una causa común. Se abrieron procesos de diálogo y colaboración en los pueblos y municipios, surgieron las plataformas ciudadanas, la unión de electores, las candidaturas de unidad y las coaliciones. Fórmulas de las que apenas habíamos oído hablar que iban más allá de los partidos y que hacían honor a la pluralidad de la sociedad española, abierta al cambio, dispuesta a buscar alternativas al voraz neoliberalismo. En ese avance, por supuesto que hubo tensiones, ya que no se siembra sin esfuerzo, pero todos entendíamos que lo importante de la representación política era la cercanía con la gente y no el reconocimiento de nuestro grupo. Se hablaba de política y no de partidos. Hablábamos de ganar y no de resguardarnos en las trincheras. Y entonces ganamos, y nada más y nada menos, que en la capital y otras grandes ciudades.

El Ayuntamiento de Madrid, a través del talante de Manuela Carmena y su equipo, ha conseguido desvincular el anclaje doctrinario e ideológico, que muchas veces arrastran los partidos, para pasar a hablar de medidas concretas que benefician a la ciudadanía, en favor de la transformación social. Un ejemplo es Madrid Central. No se restringe el tráfico por una cuestión ideológica, sino por una cuestión de salud y de movilidad urbana. Más allá del rédito político o de las medidas populistas, está el bienestar social de la ciudadanía y eso, al ser lo primordial, consigue un amplio consenso. Se ha conseguido que se hable de política en el sentido fuerte, es decir, concretando las medidas, buscando solucionar los problemas y enfrentando los retos del futuro. Los concejales se han esforzado en rendir cuentas, en estar cerca de la ciudadanía, en escuchar todas las voces, en no esquivar los problemas… Se ha demostrado que se puede gobernar de otra manera. Podremos estar o no de acuerdo con determinadas medidas, por supuesto no todo se ha hecho bien y sobre todo queda mucho por conseguir… pero, a día de hoy, Madrid tiene una administración más cercana a sus ciudadanos, en la que se han implementado políticas participativas y que cuidan a las personas.

Este es el ADN de la nueva política, este es el espíritu de Podemos. También el actual equipo de gobierno en el Ayuntamiento de Madrid, lo que incluye las primarias, por supuesto, pero hay que decirlo claro: las primarias que se estaban gestando en la ciudad de Madrid con nocturnidad y alevosía para colocar a cargos orgánicos del partido, no conservan nada del espíritu de renovación con el que nacieron Podemos y las confluencias. En vez ampliar la pluralidad e implicar a los actores sociales de la ciudad de Madrid se ha querido presentar una lista que dejaba de lado el trabajo de los concejales de gobierno, con clara intención de doblegar la voluntad de Manuela Carmena de repetir con un equipo cohesionado, que no cuenta con agentes representativos de la ciudad (colocando de cabeza de lista a una persona nada arraigada en el territorio) y se nutre casi exclusivamente de personas del aparato del partido1.

¿Cómo es posible que los 6 concejales, de diferentes corrientes políticas (desde el errejonismo al pablismo, o concejales muy territorializados en los barrios sin significación explícita interna) hayan decidido no presentarse? ¿Tiene que ver con que quieran conservar el puesto?, ¿se aferran al sillón? La realidad es que la decisión unánime no viene condicionada por conservar el puesto. Muchos de ellos iban en las posiciones de salida y hubiesen obtenido un buen resultado en las primarias (Rita Maestre la segunda, Paco Pérez el quinto, Marta Gómez la sexta…). El problema ha estado en los términos de la negociación, que ha minusvalorado el trabajo realizado y el deseo de la alcaldesa de Madrid de revalidar apoyada por gente de confianza.  Desde el aparato de Podemos de la ciudad de Madrid se ha primado la política de cuotas de partido, o mejor dicho, cuotas de un segmento del partido que ni siquiera corresponde a una corriente (Paco Pérez, “el alcalde de Vallecas” es un pablista reconocido y también decidió no presentarse a las primarias) sino a una camarilla, que más allá de las afinidades políticas, están ávidos de poder y control. ¿Veían los concejales peligrar su puesto? No. Lo que han visto peligrar son los principales valores con los que surgió Podemos: el valor de la pluralidad, del diálogo, la participación, la transparencia y la ilusión de cambio. No se trata del puesto 2, 5 u 11, se trata de la poca altura de miras de los dirigentes de Podemos en la ciudad de Madrid, que en vez de pensar en revalidar el Ayuntamiento para continuar con los cambios iniciados y contrarrestar el surgimiento de una ultraderecha en alza, han decidido ponerse ellos por delante, ser solo ellos los elegidos a través de un sistema de primarias que apenas permite la movilidad dentro de la lista. Parece que prefieren destrozar el proceso de cambio social antes que perder el control.

Las cuotas de partidos representan a la vieja política. Las negociaciones a ciegas son vieja política. Las estrategias de las medias verdades y el ocultamiento de información son vieja política. El poner los intereses del partido por delante de los intereses de la ciudadanía es vieja política. El verdadero ADN de Podemos no está en las primarias, está en la cercanía con la gente, en el “gobernar escuchando”. De esto último, el Ayuntamiento de Madrid, con sus concejales y con Manuela al frente, es un ejemplo. La actual directiva de Podemos en la ciudad ha confundido ciudadanía con militancia. Parece que solo es capaz de entender de estructuras de partido, de reglamentos, de cuotas y de listas electorales. Pero recordemos, “no podemos convertir la ciudadanía en una marca”, ni “ser una marca más en el supermercado de los partidos”.

La decisión de los 6 concejales es una decisión valiente porque va más allá de que sean ellos, o no, los representantes políticos en las próximas elecciones. Se trata de una decisión que nos hace ver que en política no todo vale y que Podemos no vino para repetir los errores de los viejos partidos. Con esta decisión se abre un marco nuevo, más amplio y plural de participación, que seguramente va a dar lugar a un proceso de primarias no condicionado por cuotas partidistas y donde estén representados diferentes actores sociales y políticos de la ciudad de Madrid. Y por supuesto, uno de los actores principales deberá ser Podemos, con su ADN, con su gente.

1 Excluyo explícitamente de esta interpretación a Luis Nieto Pereira, por su activismo y compromiso social durante años en la ONG Paz con Dignidad y la Revista Pueblos.

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